Fe
¿Cómo tener fe cuando todo sale mal?
La fe no exige sentir certeza; exige seguir. Busque comunidad, escuche historias de quien salió adelante y una la fe a un paso práctico por día.
Cuando todo sale mal, la fe suele ser lo primero que tambalea. La oración parece no tener respuesta, y la pregunta "¿por qué a mí?" sigue martillando. Esta página habla de la fe con respeto por quien cree, por quien duda y por quien no cree.
Qué hacer ahora
- Acepte que la duda es parte. Muchas tradiciones religiosas cuentan historias de personas de fe que atravesaron periodos de silencio y de duda. Dudar no es dejar de creer; muchas veces es el comienzo de una fe más madura.
- Vuelva a la comunidad. La fe vivida a solas se seca rápido. Si tiene una comunidad religiosa, vuelva a ella, aunque sea solo para escuchar. Si no la tiene, busque un lugar donde se sienta respetado.
- Escuche historias de quien salió adelante. Los testimonios de personas comunes que atravesaron lo imposible tienen una fuerza que ningún discurso tiene. Recuerdan que tocar fondo no es el final de la historia.
- Una la fe a un paso práctico por día. La fe sostiene; el paso construye. Ore, medite o reflexione, y después haga una cosa concreta: una llamada, una visita, una cuenta ordenada.
- Cuide a quien está a su lado. Servir al otro es una de las prácticas más antiguas de la fe, y también una de las formas más eficaces de salir del propio pozo.
- No cambie la fe por una promesa fácil. Desconfíe de quien cobra por "resolver" su vida, promete prosperidad a cambio de dinero o usa la fe para vender productos e inversiones.
- La fe y el cuidado van juntos. Si la tristeza se volvió desesperanza, buscar ayuda profesional no es falta de fe. CVV en el 188, gratuito y las 24 horas; UBS y CAPS por el SUS.
Cuando le pasó a Bairo
Bairo Leandro Gonzalez Martinez cuenta que tocó fondo arruinado, quebrado y derrotado, pero todavía con una llama de esperanza y de fe. Ahí encontró una puerta que no había buscado.
En una congregación cristiana, escuchó relatos, historias y testimonios de personas comunes que habían atravesado lo imposible. Escuchando, empezó a creer en el Dios de lo imposible. Escuchando más, empezó a confiar en el Dios del amor.
La fe, para él, tomó una definición sencilla: confiar en algo que no se ve. Y hay algo en lo que insiste: para Bairo, quien confía en su Dios de la creación está en lo cierto, independientemente de su creencia religiosa. La fe que lo sostuvo no es una fe que excluye.
El camino
La fe de Bairo no apareció cuando todo iba bien; apareció cuando nada iba. No pagó las cuentas por él, pero le dio fuerza para levantarse y trabajar al día siguiente. Si usted cree, deje que la fe sea el suelo y el trabajo sea la construcción. Si no cree, la lección sigue valiendo: confíe en lo que todavía no se ve lo suficiente como para dar el próximo paso.
Hay también una fe silenciosa, que no necesita palabras bonitas: la de levantarse de la cama, cuidar de quien depende de usted y hacer lo que hay que hacer aun sin ver resultados. Muchas personas que dicen haber perdido la fe en realidad están viviendo esa fe discreta todos los días. Reconózcala en usted. A veces, seguir ya es la oración más sincera.