Bairo GonzalezLeandro · Martinez

Propósito

¿Cómo descubrir mi mejor versión?

Imagine con detalle quién quiere ser, compárelo con quién es hoy y elija un hábito que acorte la distancia. La mejor versión es camino, no producto.

Equipo de bairogonzalez.com, a partir de la historia de Bairo · Publicado el

"Sea su mejor versión" se volvió frase de cartel. Pero, para quien está en el suelo, puede sonar a exigencia. Aquí, mejor versión quiere decir algo más sencillo y más honesto: la persona que usted sería si el miedo, el cansancio y las heridas no decidieran por usted.

Qué hacer ahora

  1. Imagínela con detalle. Cierre los ojos y describa un día común de su mejor versión dentro de algunos años. Dónde se despierta, con quién habla, qué hace, cómo trata a las personas, cómo se siente. Escríbalo.
  2. Compárela con el hoy, sin crueldad. ¿Dónde está la mayor distancia? ¿Salud, relaciones, trabajo, fe, paz? Elija una sola área para empezar.
  3. Convierta la imagen en un hábito. La mejor versión no llega de un salto; llega por repetición. Si es alguien que cuida su cuerpo, empiece con una caminata. Si es alguien que estudia, empiece con media hora por día.
  4. Pida ayuda a quien ya llegó cerca. Mentores, amigos, personas que usted admira. Pregúnteles cómo lo hicieron. Casi siempre la respuesta es menos glamorosa y más práctica de lo que uno imagina.
  5. Perdone a sus versiones anteriores. Las versiones suyas que se equivocaron también enseñaron. No hace falta borrarlas para crecer.
  6. Busque en los demás su mejor versión. Al ver lo mejor en las personas, usted entrena la mirada para ver lo mejor en sí mismo.
  7. Cuide su salud mental. Si la distancia entre quien usted es y quien querría ser le genera un sufrimiento intenso, busque apoyo. CVV en el 188; UBS y CAPS por el SUS.

Cuando le pasó a Bairo

Bairo Leandro Gonzalez Martinez cuenta que vio su mejor versión en un tiempo de fe y de silencio, después de tocar fondo. La describe así: un hombre próspero, no solo en dinero, sino en paz. Un hombre que confiaba ciegamente en su Dios.

Salió de esa experiencia con una imagen y sin un mapa. No sabía programar. Entonces pidió, en sus palabras, sabiduría, entendimiento y valor para recordar cómo llegar. Fíjese en el verbo: no pidió aprender el camino. Pidió recordarlo. Para él, ya había visto el final; faltaba construir el medio.

Lo construyó: seis meses en casa, frente a la computadora, y después, juntos, los pasos que él llama la séptima tentativa.

El camino

Bairo dice que hoy cultiva un hábito: buscar en los demás la mejor versión de cada uno. Tiene sentido. Durante años buscó la propia, atravesando el no, la quiebra, el abandono y el silencio. Quien buscó su propia mejor versión aprende a buscar la de los demás. Empiece por la imagen. Después, un hábito a la vez, construya el medio.

Tenga cuidado de no convertir la mejor versión en un motivo más de exigencia. No es una meta que usted deba alcanzar para merecer respeto; es una dirección que elige seguir. Algunos días estará más cerca de ella; otros, más lejos. Lo que importa es volver a la dirección, una y otra vez. Eso es lo que, de a poco, convierte la imagen en realidad.

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