Bairo GonzalezLeandro · Martinez

Silencio · ficción

¿Qué es el silencio?

Cuento de 2040: una niña que nunca vivió un minuto sin sonido le pregunta a su abuelo qué es el silencio, y él la lleva a escuchar el cielo.

Una visión — cuento.

La niña nació en 2031 y nunca había oído el silencio.

No es exageración. En su casa, las paredes hablaban: avisaban la hora del baño, leían cuentos, recordaban el remedio del abuelo. En el cuarto, una voz suave la despertaba. En la escuela, cada pupitre tenía un asistente que respondía antes de que ella terminara la pregunta. En la calle, los autos zumbaban, los anuncios cantaban, los anteojos de los adultos les murmuraban cosas al oído. Incluso de noche, cuando todos dormían, había un ruido bajo de máquinas trabajando, como un mar que no tenía playa.

Por eso, cuando la maestra habló de la palabra silencio, ella no entendió.

—Abuelo, ¿qué es el silencio?

El abuelo tenía setenta y ocho años y un pasado de radioastrónomo. Había pasado la vida escuchando el cielo en un observatorio en lo alto de una montaña, en Bolivia, donde el aire era tan limpio que las estrellas parecían demasiado cerca. Miró a su nieta un rato, como si buscara la respuesta en su cara.

—Mañana te lo muestro.

Al día siguiente le pidió al auto que los llevara lejos. Dos horas de carretera, después una hora de tierra. Cuando llegaron, el auto avisó que allí no había señal. La niña se asustó.

—¿Cómo que no hay señal?

—Por eso vinimos.

Mandó apagar todo. El auto, los anteojos, el reloj de la niña. Y los dos se quedaron sentados en una piedra, al final de la tarde, en una llanura tan grande que el horizonte parecía una línea dibujada a lápiz.

Durante los primeros diez minutos, la niña estuvo inquieta. Movía los pies, preguntaba cosas, tarareaba. El abuelo no respondía. Al cabo de un rato, ella dejó de preguntar. Y, poco a poco, empezó a oír.

El viento pasando por la hierba seca. Un pájaro lejos. Su propio corazón, que nunca había escuchado. La respiración del abuelo a su lado, un poco silbante.

—Abuelo, ¿esto es el silencio?

—Es el comienzo.

Cuando oscureció, el cielo se abrió como un joyero. El abuelo señaló hacia arriba.

—¿Sabes qué es el hidrógeno? El elemento más simple que existe. Un protón y un electrón. Está en todo, en las estrellas, en el agua, en ti. Y cuando el átomo de hidrógeno cambia de estado, suelta una señal muy débil, siempre en la misma frecuencia: mil cuatrocientos veinte megahercios.

—¿Y se puede oír?

—Solo con antenas enormes. Y solo porque, hace muchas décadas, los países del mundo acordaron algo raro: nadie emite nada en esa banda. Queda protegida, quieta, para que se pueda escuchar el universo. Es el lugar más silencioso que los hombres han acordado cuidar.

La niña se quedó callada mucho tiempo. Miraba las estrellas y pensaba en la señal débil del hidrógeno, saliendo de todas partes al mismo tiempo, desde siempre, sin que nadie se lo pidiera.

Tuvo entonces una visión, de esas que solo tienen los niños. Vio su propio cuerpo hecho de puntitos de luz, y cada puntito cantando bajito la misma nota que cantaban las estrellas. Vio que ella y el cielo estaban diciendo lo mismo, en una lengua que solo se oye cuando todo lo demás se calla.

—Abuelo.

—Mmm.

—El silencio no es cuando no hay nada. Es cuando se puede oír lo que siempre estuvo ahí.

El abuelo no respondió. No hacía falta. Los dos volvieron tarde a casa, y en el camino ella no le pidió al auto ninguna música.

Para Bairo, los 1420 MHz son la frecuencia del silencio: un símbolo, no un aparato. Nadie emite en esa banda, tampoco él. Lea: La frecuencia del silencio.

El camino

El silencio no es ausencia; es el espacio donde se oye lo que el ruido tapa. Regáleles a los niños, y a usted mismo, algunos minutos al día sin ninguna pantalla ni voz. Los primeros minutos incomodan; los siguientes enseñan.

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