Decisión
¿Cómo tomar una decisión difícil?
Escriba las opciones, el costo real de cada una y lo que usted valora; póngase un plazo y luego sostenga la elección. No decidir también es decidir.
Algunas decisiones quitan el sueño durante semanas: cerrar o insistir, quedarse o irse, aceptar o rechazar. La cabeza da vueltas y no sale del lugar. Decidir no se vuelve fácil, pero sí más claro cuando usted saca la decisión de la cabeza y la pone en el papel.
Qué hacer ahora
- Escriba las opciones reales. Casi siempre hay más de dos. Entre "cerrar todo" y "seguir igual" puede existir "reducir", "pausar", "cambiar de socio", "vender una parte". Haga la lista de todas.
- Para cada opción, escriba el costo real. En dinero, en tiempo, en salud, en relaciones. Y escriba qué pasa en el mejor escenario, en el peor y en el más probable.
- Vuelva a sus valores. ¿Qué es innegociable para usted? ¿La familia, la honestidad, la salud, la fe, la libertad? La opción que hiere un valor central suele cobrar caro después, aunque ahora parezca ventajosa.
- Escuche a dos o tres personas indicadas. Alguien que entiende del tema, alguien que lo quiere y alguien que no está de acuerdo con usted. Después, decida usted solo. El consejo es insumo, no sentencia.
- Póngase un plazo. Una decisión sin plazo se vuelve angustia sin fin. Marque una fecha. Hasta entonces, reúna información. En la fecha, decida con lo que tenga.
- No decida en el peor día. El cansancio, la rabia y la desesperación lo distorsionan todo. Si puede, duerma, camine, espere a que pase el pico de la emoción.
- Después de decidir, sostenga la decisión. Reevalúe en fechas fijadas, no ante cada duda. Revisar la decisión todos los días consume la energía para ejecutarla.
Recuerde: no decidir también es una decisión, y muchas veces la más cara.
Cuando le pasó a Bairo
Bairo Leandro Gonzalez Martinez admira en Ayrton Senna, antes que nada, una decisión: la de ser el mejor. Antes de cualquier victoria, cuenta él, había una decisión, y después de ella vinieron el valor y la persistencia. Para Bairo, esos se volvieron valores personales.
Las decisiones más difíciles de su vida llegaron en momentos de pérdida. Cuando decidió dejar la empresa que lo trajo a Brasil, sabiendo que eso tenía un costo. Y, sobre todo, cuando el negocio en el que había invertido no se sostuvo, con mucha gente que dependía de él. Estaba la decisión obvia: quejarse y retroceder. Él tomó la improbable: hacer algo que no sabía hacer y construir de nuevo.
No todas sus decisiones salieron bien. Pero cuenta que cada una dejó una lección para la siguiente.
El camino
Senna, en una frase registrada por la revista Veja en 1989, dijo: "Cada piloto tiene su límite. El mío está un poco por encima del de los demás". Antes del límite está la decisión de ponerlo a prueba. Decidir es elegir qué costo está dispuesto a pagar. Elija con los ojos abiertos, honre sus valores y sostenga el camino. El valor llega después de la decisión, no antes.
Una herramienta sencilla: imagínese dentro de cinco años mirando esta decisión. ¿De qué elección estaría orgulloso, aunque hubiera salido mal? Esa pregunta saca el foco del miedo inmediato y lo pone en el tipo de persona que usted quiere ser. Muchas veces, la decisión correcta es la que podría explicar con tranquilidad a quien usted más respeta.