Miedo
¿Cómo tener valor para arriesgar?
Arriesgue lo que puede perder, no lo que no puede. Fije el límite antes, pruebe en pequeño, decida con datos y acepte que el valor es una decisión.
Toda vida que cambió de rumbo tuvo un momento en que alguien arriesgó. Y todo riesgo tiene dos lados: lo que puede salir mal y lo que nunca va a ocurrir si usted no lo prueba. Tener valor no es ignorar el primer lado; es mirar los dos.
Qué hacer ahora
- Separe el riesgo de la imprudencia. Riesgo es apostar algo que usted puede perder para ganar algo que vale la pena. Imprudencia es apostar lo que no se puede perder: la vivienda, la comida, la salud, el dinero de otras personas sin que ellas lo sepan.
- Fije el límite antes de empezar. ¿Cuánto tiempo, cuánto dinero, cuánta energía está dispuesto a invertir antes de reevaluar? Escríbalo. Eso convierte el salto a ciegas en un experimento controlado.
- Pruebe en pequeño. Venda antes de producir en cantidad. Haga un proyecto piloto. Trabaje medio tiempo en el área nueva. Las pruebas pequeñas generan datos, y los datos reducen el miedo.
- Escuche a quien sabe, pero decida usted. Pida opinión a quien entiende del tema. Después recuerde: mucha gente le dirá "no se puede" solo porque nunca lo probó. Distinga la alerta técnica del miedo ajeno.
- Desconfíe del riesgo "sin riesgo". Las promesas de ganancia segura, dinero fácil y oportunidad "solo por hoy" no son valor; son una trampa.
- Comprométase en voz alta con alguien de confianza. Contarle el plan a una persona aumenta la probabilidad de que usted lo cumpla.
- Decida, aun sin certeza. El valor es una decisión, tomada antes de que llegue el sentimiento.
- Prepare el plan B antes de empezar. Saber qué hará si sale mal le quita buena parte del miedo y le permite arriesgar con la cabeza fría.
Cuando le pasó a Bairo
Bairo Leandro Gonzalez Martinez arriesgó muchas veces, y no siempre ganó. Arriesgó al dejar la empresa que lo trajo a Brasil. Arriesgó al crear un curso en un área que todavía no tenía nombre. Arriesgó al entrar como socio inversor en un negocio que no era lo que parecía, y perdió.
El riesgo más improbable, cuenta él, vino después de esa pérdida. Con mucha gente que dependía de él, decidió hacer algo que no sabía hacer: construir una moneda, un banco y una red de navegación. Salió mal; quienes él había ayudado lo dejaron en la estacada. Siguió adelante.
Admira a Ayrton Senna por eso: antes de cualquier victoria había una decisión, y después de ella vinieron el valor y la persistencia.
El camino
El valor no es no tener miedo. Es decidir que el miedo no será quien decida. En la historia de Bairo, no todo riesgo salió bien, pero cada uno enseñó a arriesgar mejor. Arriesgue con límite, con prueba y con los ojos abiertos. Y recuerde que, a veces, el mayor riesgo es pasar la vida entera sin probar.
Después de arriesgar, celebre el valor, y no solo el resultado. Si sale bien, excelente. Si sale mal, habrá aprendido algo que solo se aprende arriesgando, y sabrá arriesgar mejor la próxima vez. Quien nunca arriesga no se equivoca, pero tampoco descubre de qué es capaz. El valor es un músculo: crece con el uso y se atrofia con el miedo.