Bairo GonzalezLeandro · Martinez

Capítulo 2

La capoeira fue el puente

Un niño colombiano que juraba que viviría en Brasil, la capoeira como puente y la llegada en 2002. El comienzo de la historia de Bairo Gonzalez.

Bairo Leandro Gonzalez Martinez nació en Colombia, en 1982.

Desde niño les decía a todos los que quisieran oírlo que algún día viviría en Brasil. No era un plan. Era una certeza dicha en voz alta, antes de que existiera cualquier camino hacia ella.

El camino llegó por una roda. La capoeira, la lucha que es danza y la danza que es lucha, fue lo primero de Brasil que aprendió con el cuerpo. Antes de la lengua, antes del país, llegó el ritmo del berimbau. La capoeira fue el puente.

La ginga

Quien nunca ha jugado capoeira suele creer que está hecha de golpes. Quien juega sabe que está hecha de ginga. La ginga es el movimiento que nunca se detiene: el cuerpo va hacia un lado, vuelve hacia el otro, y nunca se queda quieto el tiempo suficiente para que lo derriben. En la roda, el que se detiene, cae.

La roda de capoeira fue reconocida por la UNESCO, en 2014, como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Para un niño colombiano era otra cosa: la prueba de que Brasil ya existía dentro de él antes de pisar el país.

Mucho de lo que viene después en esta historia es ginga. Caer hacia un lado, volver por el otro, nunca quedarse quieto el tiempo suficiente para que lo derriben del todo.

Sin coincidencias

Bairo dice que no existen las coincidencias ni las casualidades. Existen propósitos, sueños y ejecución. La frase explica al niño que anunciaba Brasil antes de conocerlo, y explica todo lo que vendría después.

2002

En 2002 llegó. Vino con una empresa de educación, y no vino a barrer el piso: ocupó un cargo de gerencia. Era joven para mandar a alguien, y mandaba.

El sueño de niño estaba cumplido. Brasil existía, y él estaba en él.

El primer no

Un día, Bairo quiso seguir su propio camino y salir de la empresa. Fue entonces cuando descubrió cómo un inmigrante puede quedarse sin suelo bajo los pies: sin documentos en la mano, lejos de casa y con miedo.

Vinieron años difíciles, sin rumbo y sin red, como para tantos inmigrantes antes y después de él. Le tomó tiempo volver a levantarse.

Quien ha pasado por eso aprende algo que no se enseña en la escuela. Él suele decirlo así: el sol es para todos, pero la sombra, cuando aprieta el calor, es para pocos.

Lo que quedó

El muchacho que había anunciado Brasil estaba en Brasil, sin suelo, sin rumbo y sin nadie a quien pedirle ayuda. Habría sido el lugar natural para rendirse.

No se rindió. Empezó de nuevo, desde el único lugar que le quedaba: desde cero. Y empezó cerca, con la persona que tenía al lado.