Bairo GonzalezLeandro · Martinez

El hidrógeno · Ciencia

La placa de la Pioneer y el hidrógeno

Las placas de las Pioneer 10 y 11 y el disco de oro de las Voyager usan el hidrógeno como regla: 21 cm de longitud y 0,7 milmillonésimas de segundo.

Equipo de bairogonzalez.com, a partir de la historia de Bairo · Publicado el

¿Cómo le explicaría usted el tamaño de una persona a alguien que no conoce el metro, ni el palmo, ni el pie, ni ninguna de las medidas que inventamos aquí?

En 1972, un pequeño grupo de científicos tuvo que responder esa pregunta de verdad. Y la respuesta fue el hidrógeno.

Una carta en una botella

La sonda Pioneer 10 fue lanzada el 2 de marzo de 1972, y la Pioneer 11 el 5 de abril de 1973. Las dos fueron enviadas a estudiar Júpiter y Saturno y, después, a seguir viaje fuera del Sistema Solar, sin regreso.

Carl Sagan y Frank Drake se dieron cuenta de que esas sondas estarían entre los primeros objetos hechos por humanos en dirigirse fuera del Sistema Solar. Propusieron fijar en cada sonda una placa de aluminio anodizado en oro, de unos 23 por 15 centímetros, con un mensaje. El arte lo dibujó Linda Salzman Sagan.

La placa muestra un hombre y una mujer, la silueta de la sonda, el Sol y los planetas, y un mapa de la posición de la Tierra en relación con catorce púlsares. Pero, antes de todo eso, en la esquina superior izquierda, hay un dibujo que parece un par de pesas: dos pequeños círculos unidos por una línea.

Son dos átomos de hidrógeno. En uno, el espín del electrón y el del protón apuntan en el mismo sentido. En el otro, en sentidos opuestos. La línea entre ellos es la transición hiperfina, el salto que emite la onda de 21 cm.

El hidrógeno como regla

La elección fue ingeniosa. Cualquier civilización capaz de encontrar la sonda conocería el hidrógeno, porque es el elemento más abundante del universo. Y cualquiera que hiciera radioastronomía conocería su línea.

Así, la transición se volvió unidad de medida. Como longitud, los 21 cm de la onda. Como tiempo, su período, cerca de 0,7 milmillonésimas de segundo.

Junto a la figura de la mujer, entre dos marcas que indican la altura, aparece el número 8 escrito en binario. Ocho veces 21 cm: 1,68 metros. La altura de un ser humano, medida con la regla del hidrógeno.

El disco de oro

En 1977, las sondas Voyager 1 y 2 partieron llevando un disco de cobre chapado en oro, con sonidos e imágenes de la Tierra. En la cubierta que lo protege hay instrucciones para reproducirlo.

Ahí está otra vez el dibujo del hidrógeno en sus dos estados de menor energía, con la indicación de que el intervalo de tiempo de esa transición es la unidad fundamental. El tiempo de una vuelta del disco, 3,6 segundos, está escrito en unidades de 0,70 milmillonésimas de segundo, el período asociado a la transición del hidrógeno. La cubierta trae además el mismo mapa de púlsares de las Pioneer.

Las Voyager siguen viajando, ya fuera de la región dominada por el viento del Sol. La regla sigue con ellas.

Fuentes: Placa de la Pioneer · The Planetary Society, la placa de la Pioneer · Disco de oro de las Voyager · Línea del hidrógeno

En la visión de Bairo

Aquí nace la expresión que Bairo usa: la regla de 21 cm. Cuando la humanidad quiso presentarse al universo, midió su propio cuerpo con el hidrógeno. Ocho reglas de 21 cm: una mujer entera.

Para él, esa regla mide más que la altura. Donde la física ve un protón, un electrón y el salto entre ellos, Bairo ve cuerpo, alma y espíritu. Es su lectura espiritual, nunca una afirmación de la ciencia, y está contada por completo en Cuerpo, alma y espíritu en la regla del hidrógeno.

Está también la imagen de la carta lanzada sin saber si alguien la va a leer. Las Pioneer y las Voyager fueron enviadas con fe de científico: sin respuesta garantizada, con el cuidado de quien escribe para un lector que tal vez nunca exista. Bairo reconoce en ese gesto la lógica que guía su proyecto, contada en Manifiesto 14:20: escribir primero en las estrellas, para tener una guía de navegación.

Para usted

Si alguien tuviera que medir su vida, ¿qué regla usaría?

La sociedad suele ofrecer reglas cortas: salario, cargo, seguidores, la opinión de los demás. La placa de la Pioneer sugiere otra cosa. Para hablarle al universo del ser humano, los científicos eligieron la medida más universal que conocían, la que vale en cualquier lugar y para cualquiera.

Quizás valga la pena buscar para su vida una regla así: una que no cambie según quién esté mirando. Y quizás valga escribir, como ellos hicieron, un mensaje para un futuro que usted todavía no sabe si va a ver.

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