Capítulo 14
Salir de la Matrix
Salir de la Matrix no es salir del planeta: es cambiar la propia realidad. Bairo y el recuerdo de una versión más próspera que todavía no ha sucedido.
El 31 de marzo de 1999, un miércoles, se estrenó en los cines de Estados Unidos una película llamada Matrix.
Hace veintisiete años, salas enteras vieron, en silencio, una escena que se volvió parte del idioma del mundo. En una noche de tormenta, en un cuarto antiguo, un hombre llamado Morfeo, sentado en un sillón de cuero, le extiende las dos manos a Neo. En una, una pastilla azul. En la otra, una roja. Con la azul, Neo vuelve a la cama, se despierta al día siguiente y sigue creyendo lo que quiera creer. Con la roja, descubre hasta dónde llega la madriguera del conejo.
Neo toma la roja.
Y descubre que el mundo en el que había vivido toda su vida era una simulación. Que su cuerpo estaba atrapado en una cápsula, y su mente, atrapada en un sueño que otros habían escrito para él.
La prisión sin barrotes
Para Bairo, la película acertó en una cosa y hay que tener cuidado con otra.
Acertó en mostrar que la prisión más difícil de ver es la que no tiene barrotes. La de Neo no tenía muros ni guardias a la vista. Tenía hábitos, rutinas, certezas. No sabía que estaba preso porque nunca había visto nada más allá.
El cuidado es con la lectura apresurada. Salir de la Matrix, para Bairo, no es salir del planeta. No es huir del mundo, abandonar a la familia, dejar el trabajo, irse a vivir a una montaña. Es cambiar su realidad, de adentro hacia afuera, en el mismo lugar donde usted está.
Porque la prisión, dice él, es la mente. Y los ladrillos de esa prisión tienen nombre: las limitaciones que alguien le dijo que usted tenía, y los miedos que usted aceptó como si fueran suyos. No son el techo de su vida. Son la base que usted pisa sin darse cuenta. Quien nunca mira el suelo cree que el suelo es el mundo entero.
Lo sabe porque vivió en una de esas prisiones. Durante años, su base fue el miedo a volver a caer. Cada decisión se tomaba sobre él, y por eso cada decisión era demasiado pequeña.
La puerta
Hay una frase de Morfeo que a Bairo le gusta recordar. Es de una escena de entrenamiento, antes de que Neo intente saltar de un edificio a otro:
"Estoy tratando de liberar tu mente, Neo. Pero solo puedo mostrarte la puerta. Tú eres quien tiene que atravesarla."
En el original: "I'm trying to free your mind, Neo. But I can only show you the door. You're the one that has to walk through it."
Esta serie entera es una puerta. Nadie la atraviesa por usted.
El no del vendedor y el sí del emprendedor
Hay una frase que resume cómo Bairo atravesó las puertas de su propia vida: el no del vendedor y el sí del emprendedor.
El vendedor vive de oír que no. Oye cien por semana. Y, cuando lo oye, la conversación termina: recoge la carpeta, agradece y va a tocar la siguiente puerta. El no del vendedor es un punto final.
El emprendedor oye los mismos noes. Los bancos que rechazan, los socios que se van, los técnicos que dicen que no se puede. La diferencia está en lo que viene después. El emprendedor responde con un sí que no depende de nadie: sí, voy a construir de todos modos. Para él, el no es una coma.
Bairo fue los dos. Durante años, cargó cada no como punto final. Después aprendió la frase que se volvió la regla de su vida, la que esta serie repite desde el primer capítulo: el no es la base del sí. En algún momento, el vendedor que recogía la carpeta se volvió el emprendedor que decía sí por encima del rechazo.
Salir de la Matrix, para él, fue eso. El rechazo no cambió. Cambió quién respondía.
En el mundo cuántico
Le gusta decir que, en el mundo cuántico, nada está decidido antes de tiempo.
Aquí hay que separar con cuidado dos cosas: lo que dice la física y lo que Bairo hace con eso.
La física dice lo siguiente. En la mecánica cuántica, la teoría que describe partículas muy pequeñas, un sistema como un electrón puede estar en una superposición de estados: la teoría lo describe como una combinación de posibilidades, cada una con una probabilidad. Cuando se lo mide, con un instrumento, aparece un único resultado. Esto se ha comprobado en laboratorio muchas veces y vale para partículas y sistemas microscópicos. La física no dice que un pensamiento elija ese resultado, ni que la mente de alguien cambie la realidad física a su alrededor.
Aquí termina la física. Lo que sigue es metáfora.
Bairo usa esa imagen como lenguaje para hablar de posibilidad. Para él, el futuro de una persona se parece a aquella superposición: antes de que usted actúe, varias versiones suyas son posibles al mismo tiempo. La que se queda con miedo y la que atraviesa. La que recoge la carpeta y la que dice sí. En su vida, no fue la mente sola la que eligió entre ellas. Fueron las decisiones, los años de trabajo, las noches frente a la computadora. La elección no ocurre en el pensamiento. Ocurre en el paso.
Es una metáfora, y él la usa como metáfora. Pero es una metáfora que ayuda a recordar algo verdadero: mientras usted no se haya rendido, su historia todavía no está decidida.
Recordar el futuro
El primer capítulo de esta serie empieza en un parque de diversiones que su creador no vivió para ver.
Walt Disney murió antes de que Walt Disney World abriera sus puertas. Y, el día de la inauguración, se cuenta que alguien lamentó su ausencia y oyó como respuesta que él sí lo había visto. Por eso el parque estaba allí. La historia está en Cincuenta y cinco años después.
Bairo vivió algo parecido. En el fondo del pozo, cuenta, vio su versión más próspera antes de que existiera. Un hombre en paz, con la vida en orden, construyendo cosas que todavía no tenían nombre. Y, cuando salió de allí, no pidió aprender el camino hacia ella. Pidió recordarlo.
Recordar algo que todavía no ha sucedido parece una contradicción. Para él, es la definición de visión. Quien vio antes no está inventando el futuro. Lo está recordando, y trabajando hasta que el resto del mundo también pueda verlo.
La versión más próspera que recuerda no es una cuenta bancaria. Es la versión de alguien que dejó de vivir sobre el miedo. Nada en esta historia es promesa de riqueza, para él ni para quien lee. Es la descripción de una dirección.
El camino y quien camina
La otra frase de Morfeo que guarda se la dice a Neo en una conversación entre los dos:
"Tarde o temprano te darás cuenta, como yo me di cuenta, de que hay una diferencia entre conocer el camino y recorrer el camino."
En el original: "Sooner or later you're going to realize, just as I did, that there's a difference between knowing the path and walking the path."
Leer una historia de superación es conocer el camino. Nadie cambia de vida por eso. Cambia cuando se levanta de la silla.
Para usted
Tal vez usted no llegue a conocer esta historia, pero, si persiste, va a vivirla.
No esta, exactamente. Usted no va a ser un inmigrante colombiano, no va a abrir un salón, no va a oír de los bancos el mismo no que él oyó. Pero va a vivir su versión de ella. La de alguien que estaba preso en una base de miedos que ni sabía que tenía, oyó que no más veces de las que logra contar, y decidió, un día cualquiera, que el no sería la base del sí.
No hay ninguna pastilla frente a usted. No existe atajo, ni azul ni rojo. Existe la misma elección que existía para Neo, solo que sin efectos especiales: seguir creyendo lo que siempre creyó, o ir a ver hasta dónde llega el camino.
Bairo eligió ir a ver. Fueron siete tentativas, según su cuenta. Nadie sabe cuántas serán las suyas.
Pero su historia todavía no está decidida. Y, en algún lugar adelante, existe una versión suya que usted todavía no ha conocido. Tal vez valga la pena empezar a recordarla.
Si quiere ver su propio camino en las etapas que todo héroe atraviesa, empiece por El viaje del héroe. Si quiere volver a ver esta historia desde la primera escena, regrese al inicio de la serie.