El futuro
Despertar a los humanos: la misión
Para Bairo Gonzalez, despertar es salir del automático: notar el propio tiempo, la propia elección y la ayuda que la tecnología da a quien decide vivir.
Equipo de bairogonzalez.com, a partir de la historia de Bairo · Publicado el
Hay gente que pasa la vida entera con los ojos abiertos y nunca despierta.
Lo que él quiere decir con despertar
Bairo Leandro Gonzalez Martinez habla de su propia misión con una palabra simple: despertar a los humanos. Puede sonar mística, y por eso vale decir lo que significa en su vida.
Despertar, para Bairo, es salir del automático. Es darse cuenta de que el día que está pasando no vuelve. Es dejar de repetir la frase "no se puede" solo porque alguien la dijo primero. Es recordar que existe una elección incluso cuando parece que no existe ninguna. No habla de un despertar que se compra en un curso. Habla de lo que le pasó a él.
El hombre que dormía despierto
Hubo años en que Bairo vivió dormido. Inmigrante sin documentos en la mano y con miedo, andaba por las sombras de un país que amaba. Después vinieron las empresas que salieron mal, los socios que lo sacaron de sus propios negocios, la quiebra con muchas vidas que dependían de él. En alguno de esos inviernos, cuenta, estaba quebrado, derrotado, y aun así con una llama de esperanza y de fe.
Fue entonces cuando despertó. En la congregación donde escuchó historias de gente que había atravesado lo imposible. En la búsqueda interior, personal, que cuenta en el capítulo El Dios de lo imposible. En el silencio que asocia a la frecuencia de 1420 MHz, la frecuencia del hidrógeno que el mundo entero acordó dejar en silencio para que se pueda escuchar el universo. Dice que, en ese silencio, vio su mejor versión. Y que, desde entonces, ya no logra volver a dormirse.
Esta es su experiencia, contada como suya. La fe que lo despertó, insiste en decirlo, no es una fe que excluye: quien confía en su Dios de la creación, sea cual sea su creencia, está en lo correcto.
Despertar en un mundo de máquinas
En un tiempo de inteligencia artificial, la palabra adquiere un sentido nuevo. Las máquinas pueden despertarnos o adormecernos. Una aplicación puede devolvernos horas de vida o secuestrarlas con un desplazamiento infinito. Una IA puede enseñar a pensar o puede pensar por nosotros hasta que olvidemos cómo se hace.
El educador brasileño Paulo Freire llamó concientización al proceso por el cual una persona empieza a ver su propia realidad y a percibirse capaz de transformarla. No se trata de recibir una verdad hecha, sino de aprender a leer el mundo. Bairo ve la tecnología como una aliada posible de ese proceso, siempre que se use para ampliar la mirada, no para sustituirla.
Y el psiquiatra Viktor Frankl, que sobrevivió a los campos de concentración, escribió que la última de las libertades humanas es elegir la propia actitud ante cualquier circunstancia. Bairo leyó la vida, más que los libros, y llegó a algo parecido: el no es la base del sí.
En el futuro que él describe
Imagina un tiempo en que la tecnología se diseñe para despertar. Un asistente que, en lugar de atrapar a la persona en la pantalla, le pregunte si ya salió al sol hoy. Una plataforma que muestre cuánto tiempo de vida le devolvió, y no cuánto tiempo le quitó. Un canal, 1420mhz.org, que él define como un lugar de comunicación y de elevación, donde se conversa sobre esto con calma.
Imagina que despertar se vuelva algo colectivo. Comunidades que se ayudan a salir del automático. Personas que, habiendo atravesado el dolor, vuelven para tenderle la mano a quien lo está atravesando. Lo llama misión porque no sabe llamarlo de otra manera.
Es una visión, no una promesa. Nadie despierta a nadie a la fuerza. Lo más que se puede hacer es abrir una ventana y dejar que entre la luz.
Una escena
Un hombre de cuarenta años, desempleado, pasa las noches deslizando la pantalla del celular hasta las tres de la mañana. Una de esas noches encuentra la historia de alguien que quebró, se quedó sin documentos, perdió socios y volvió a empezar siete veces. La lee hasta el final. Apaga el celular. Se queda un rato mirando el techo.
Al día siguiente se despierta a las siete. No porque algo haya cambiado afuera. Porque algo cambió adentro.