El futuro
El tiempo de vida como la moneda más valiosa
Para Bairo Gonzalez, todo producto que crea se mide en vida humana: el tiempo es la única moneda que no se vuelve a imprimir. Una idea, no un precio.
Equipo de bairogonzalez.com, a partir de la historia de Bairo · Publicado el
Se puede perder dinero y recuperarlo. Se puede perder una casa y construir otra. Una tarde que pasó no vuelve nunca.
La medida de todo
Bairo Leandro Gonzalez Martinez suele decir que todos los productos que crea se basan en vida humana, en historia y en algo que nunca más va a volver. Es la frase que explica quién es: alguien que perdió casi todo varias veces y descubrió, en el fondo del pozo, que el bien más escaso no era el dinero. Era el tiempo.
Llama energía de tiempo de vida a lo que una persona entrega cuando decide construir algo. Las madrugadas. Los años. La sangre, en la palabra que él mismo usa. Y piensa que quien invierte en una historia invierte, antes que nada, en ese tiempo entregado.
Una idea con antepasados
No inventó esta intuición, y no quiere fingir que la inventó. Hace casi dos mil años, el filósofo romano Séneca escribió un pequeño tratado llamado Sobre la brevedad de la vida. En él observa que nadie deja que otra persona le quite su dinero, pero todos dejan que les quiten su tiempo, lo único con lo que sería justo ser avaro. La vida no es corta, escribió; somos nosotros quienes la desperdiciamos.
En 1983, Steve Jobs le pidió al equipo del Macintosh que la computadora arrancara diez segundos más rápido. El argumento, contado por Andy Hertzfeld: si millones de personas encendían la máquina todos los días, diez segundos sumarían el equivalente a varias vidas humanas por año. Ahorrar segundos era, literalmente, salvar vidas.
Y en 1980 el abogado estadounidense Edgar Cahn creó los bancos de tiempo, en los que una hora de servicio vale una hora de servicio, no importa quién la preste. La hora del médico y la hora del vecino que arregla un portón pesan lo mismo.
La regla de BTZ Chain
De ese linaje nace la regla que Bairo eligió para BTZ Chain: "1 BTZ = 1 minuto de vida humana". Es una regla de propósito, no un precio. No dice cuánto vale una moneda; dice lo que la moneda quiere recordar. Nadie necesita comprar nada para entender esta idea, y no promete valorización. BICOIN es la moneda de gobernanza de una red, y la idea que la sostiene es filosófica antes que financiera: que el tiempo de una persona se respete como lo más precioso que existe.
En el futuro que él describe
Imagina un tiempo en que las empresas se juzguen también por el tiempo de vida que les devuelven a las personas. Un banco que le ahorra al vendedor del mercado dos horas de fila. Un sistema de triaje que le ahorra a una madre tres idas al hospital. Un análisis jurídico que le ahorra a un acusado meses de espera sin respuesta. Imagina que un día esas horas devueltas se cuenten con el mismo cuidado con que hoy se cuenta la ganancia.
Imagina también un mundo en el que las máquinas hagan tanto del trabajo repetitivo que el tiempo humano quede libre para lo que solo los humanos hacen. Y pregunta: ¿qué vamos a hacer con él? ¿Cuidar a quienes amamos? ¿Aprender? ¿Crear? ¿O desperdiciarlo otra vez, como temía Séneca?
La tecnología puede devolver tiempo. Solo la persona puede decidir qué va a significar.
El tiempo que él mismo entregó
Bairo pasó seis meses encerrado en casa, frente a una computadora, aprendiendo a construir lo que no sabía construir. Pasó años en las sombras de un país que amaba, sin documentos. Pasó noches sin dormir con mucha gente que dependía de él. No cuenta esas horas como perdidas. Las cuenta como invertidas, porque cada una de ellas le enseñó algo que después se convirtió en empresa.
Para él, el tiempo dedicado con intención nunca es un desperdicio. El tiempo vivido sin intención, ese sí.
Una escena
Un padre mira el reloj del celular y ve que la aplicación de la plataforma del agro le ahorró, esa semana, seis horas de fila, planilla y llamadas. Seis horas. Cierra el celular, llama a su hija y va a enseñarle a andar en bicicleta en la calle de tierra frente a la casa.
Esa tarde, nadie registró nada en ninguna red. Pero, si el tiempo es la moneda más valiosa, ese fue el mejor negocio que hizo en el año.