Bairo GonzalezLeandro · Martinez

El futuro

Generación alfa y generación beta: crecer con IA

Alfa (2010–2024) y beta (2025–2039): Bairo Gonzalez imagina cómo crecen los niños que nunca conocieron un mundo sin inteligencia artificial.

Equipo de bairogonzalez.com, a partir de la historia de Bairo · Publicado el

Bairo nació en 1982, en un mundo sin internet en casa y sin teléfono en el bolsillo. Los niños que nacen hoy no van a recordar un mundo sin ellos.

Los nombres de las generaciones

El investigador social australiano Mark McCrindle les dio nombre a las generaciones más nuevas. La generación alfa reúne a los nacidos de 2010 a 2024: casi dos mil millones de personas cuando nazca el último de ellos, la generación más grande de la historia. La generación beta empezó en 2025 y va hasta 2039. Según McCrindle, la beta será la primera generación que no conozca un mundo sin inteligencia artificial.

Los nombres tienen su gracia. Alfa y beta son las primeras letras del alfabeto griego, elegidas, dice McCrindle, porque estas generaciones no son una vuelta a lo viejo: son el comienzo de otra cosa.

La visión de Bairo

Para Bairo Leandro Gonzalez Martinez, estos niños son el 1.0 del código que él describe: la generación que va a crecer con la inteligencia artificial como quien crece con la luz eléctrica. Para ellos, conversar con una máquina no será una novedad. Será tan común como abrir una ventana.

Imagina a las generaciones alfa, beta y las que vendrán después cada vez más integradas a la tecnología. Integradas en el sentido de convivencia: aprendiendo con tutores de IA, conversando en cualquier lengua, teniendo a mano el conocimiento que, para los abuelos, estaba encerrado en bibliotecas lejanas.

E imagina también que esa facilidad trae una responsabilidad enorme para quien los cría.

Lo que los niños van a necesitar

Hay una pregunta que atraviesa la visión de Bairo: si la máquina sabe responder casi todo, ¿qué necesita aprender el niño?

Su respuesta no es técnica. Es humana. Van a necesitar aprender a hacer buenas preguntas. A distinguir lo verdadero de lo inventado. A esperar. A atravesar la frustración sin un atajo. A mirar a alguien a los ojos y entender lo que no se dijo. Todas las cosas que ningún algoritmo enseña por el atajo.

UNICEF publicó en 2021 una orientación sobre inteligencia artificial para niños, con nueve requisitos: apoyar el desarrollo y el bienestar, garantizar la inclusión, proteger los datos y la privacidad, garantizar la seguridad, preparar a los niños para el presente y el futuro de la IA, entre otros. Bairo lee esos principios como un mapa. En el ecosistema que imagina, cualquier herramienta que toque un niño tiene que pasar por ellos.

En el futuro que él describe

En 2030, imagina a una niña alfa de doce años aprendiendo matemáticas con un tutor de IA que nota cuando está cansada y le sugiere una pausa, no un ejercicio más.

En 2040, imagina adolescentes beta que nunca tuvieron miedo de no entender una lengua extranjera, y que por eso hacen amistades al otro lado del planeta como quien hace amigos en la calle.

En 2050, imagina adultos alfa al frente de empresas, hospitales y gobiernos, decidiendo cómo debe usarse la inteligencia artificial. La pregunta que se hace a sí mismo es: ¿qué habrán aprendido de nosotros esas personas?

Nada de esto es una predicción. Son escenarios de alguien que se pregunta, todos los días, qué mundo está dejando.

La parte que no cambia

En medio de tanta transformación, Bairo apuesta por algo que permanece. Un niño alfa o beta va a seguir necesitando regazo. Alguien que lo escuche contar el sueño de la noche anterior. Un adulto que le diga "yo también me equivoqué" y le cuente cómo se levantó.

Por eso habla de despertar a los humanos y de una vida para enseñar. Las máquinas van a enseñar hechos. Las personas van a seguir enseñando qué hacer con ellos.

Una escena

Una niña de ocho años, nacida en 2026, le pregunta al asistente de la escuela por qué el cielo es azul. El asistente le explica la luz, las moléculas, los colores. Ella le da las gracias. Después corre hacia su padre y le pregunta otra cosa: si alguna vez tuvo miedo de la oscuridad. El padre se sienta en el suelo, a su lado, y le cuenta.

Algunas preguntas son para las máquinas. Otras, solo una persona puede responderlas.

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