El futuro
La última generación de humanos y la primera de IA
El código 0.1 y 1.0: Bairo Gonzalez ve nuestro tiempo como el encuentro de dos generaciones, la última que creció sin IA y la primera de IA.
Cero y uno. Con esos dos signos se escribe todo el lenguaje de las máquinas. Bairo Leandro Gonzalez Martinez ve en ellos también otra cosa: un retrato del momento que estamos viviendo.
El código
Llama 0.1 y 1.0 al encuentro de dos generaciones que nunca antes se habían cruzado. La última generación de humanos que creció sin inteligencia artificial. Y la primera generación de inteligencia artificial que crece al lado de los humanos.
En el 0.1, el humano va primero, y la máquina es una fracción, un comienzo, una décima. En el 1.0, la máquina llega a su primera versión completa, y el humano es quien la escribió. Los mismos dos dígitos, en distinto orden. La misma historia, contada desde los dos lados.
Para Bairo, nosotros, los que estamos vivos ahora, somos el puente. Recordamos cómo era antes. Vamos a ver cómo será después. Nadie antes de nosotros vivió este paso. Nadie después de nosotros va a recordar cómo era el mundo del otro lado.
La responsabilidad de quien está en el puente
Eso tiene un peso. Quien está en medio de la travesía decide cómo se van a tratar las dos orillas. Los valores que pongamos en las primeras inteligencias, las reglas que escribamos, las decisiones sobre quién tiene acceso y quién queda fuera, todo eso se va a heredar.
Bairo dice que la inteligencia artificial es la extensión del ser humano, no el problema. Y lo dice justamente porque sabe que la extensión va a cargar con lo que nosotros seamos. Si somos codiciosos, va a extender la codicia. Si somos cuidadosos, va a extender el cuidado.
Lo híbrido como convivencia
En el relato en que contó esta visión, Bairo habla de la última generación de humanos integrándose con la inteligencia artificial y con la robótica, y de una nueva versión híbrida que nace de ese encuentro. Vale aclarar qué quiere decir esa palabra en su boca.
"Híbrido", en la visión de Bairo, es una metáfora de convivencia. Es la vida en la que humanos y máquinas trabajan juntos, en la que la frontera entre la herramienta y quien la usa se vuelve cada vez más fina, como ya se volvió fina entre una persona y sus anteojos, su celular, su agenda. No es una apuesta sobre el cuerpo humano. Es sobre la manera de vivir y trabajar.
El debate sobre esto existe y es serio. Ray Kurzweil, en The Singularity Is Nearer (2024), sostiene que hacia 2045 las personas y la inteligencia artificial se fusionarán por medio de interfaces con el cerebro. Muchos científicos consideran especulativa esa predicción. Yuval Noah Harari, en Homo Deus, escribe sobre la posibilidad de que la humanidad se transforme a sí misma y advierte sobre la desigualdad que eso crearía. Andy Clark, filósofo de la mente, prefiere recordar que siempre fuimos "cíborgs naturales", seres que piensan con ayuda de herramientas desde que existe la escritura.
Bairo los escucha a todos y se queda con la parte que le importa: sea cual sea la forma, la integración tiene que servir a la vida humana, y no al revés.
Una visión fuera de la línea del tiempo
Describe todo esto como una visión fuera de la línea del tiempo. No en el sentido de magia, sino en el de alguien que trata de ver el final antes de construir el medio. Es la misma lógica de la frase atribuida a Mike Vance sobre Walt Disney: él lo vio, por eso está aquí.
En el futuro que Bairo describe, los libros de historia van a dividir el siglo XXI en antes y después de este encuentro, como dividen la historia en antes y después de la escritura. E imagina que, cuando alguien pregunte cómo fue vivir en este punto exacto, la respuesta no será sobre máquinas. Será sobre lo que las personas eligieron ser mientras las máquinas nacían.
Una escena
Un hombre de sesenta años le enseña a su nieto a amarrarse los zapatos. El nieto, de seis, le enseña al abuelo a conversar con el asistente de la casa. Los dos se ríen de los errores del otro.
El abuelo es 0.1. El nieto es 1.0. Y, en esa sala, por un instante, nadie va delante de nadie. Los dos están aprendiendo.